Tempus fugit.

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A veces, mientras recorro las calles, me doy cuenta de cómo ha cambiado la ciudad. ¿De cuánto tiempo hablamos? –pienso-. ¿Tal vez de quince o veinte años? ¿O de más? Veo aquella plaza y recuerdo la isla de casas decrépitas que fueron derribadas para hacerle sitio. Miro aquellos bloques de viviendas y se me viene a la memoria que sagrada familia antesantes eran solares baldíos; los cuales, de seguro, a su vez fueron huertos en tiempos anteriores. Contemplo el paseo pulido que discurre frente a la playa y se me viene la imagen de cuando era un camino de tierra rsagrada familia ahoraepleto de baches. Donde ahora hay bares antes hubo fábricas; y donde hay farolas antes hubo aparcamientos de urgencia, oscuros y socorridos, ideales para saciar de amor a las parejas.

Sí, la ciudad cambia sin que me dé cuenta. O sí que me doy cuenta; pero, al poco, la nueva imagen se hace cotidiana y pensamos que casi nada ha variado.

También miro mis fotos y veo los ropajes de entonces. Una sonrisa se me viene a los labios: ¿cómo éramos capaces de ponernos aquellos trapos? Hasta el color de las cartulinas acharoladas se me hace caduco. Luego me miro al espejo. Lo mismo que pasa con la ciudad pasa con la gente. Tuve un profesor que aseguraba que uno, cuando se reencuentra con alguien a quien hacía años que no veía, se compadece y piensa: ¡cuánto ha envejecido! Porque –decía el hombre- son los otros los que se hacen mayores; uno no: uno sigue igual; ¡claro, como te ves a diario… pues no te das cuenta!

Pero el tiempo pasa y la ciudad mejora. Y uno… también espera estar mejorando.

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El efecto dominó.

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Durante una operación antidrogas se descubre el cadáver de un hombre asesinado cuarenta años atrás, empujando al inspector Mateo Navas a descubrir qué es lo que conecta a ambos casos.

EL EFECTO DOMINÓ, una novela negra: cuando una pieza cae, todo se tambalea.

 

 

 

Vilassar de Noir.

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vilassarEste fin de semana llega Vilassar de Noir, festival de novela negra.

http://www.vilassardenoir.com/es/

 

Certeza.

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imprevisible-Ha sido él –afirmó el inspector Navas.

– ¿Estás seguro?

Completamente, aunque no iba a ser fácil demostrarlo. Puede que aplicándole el tercer grado acabara inculpándose, con un poco de suerte. El inspector no encontraba otra salida.

-No acabo de ver el móvil.

-A veces no existe móvil –aseguró Navas-: siempre ha habido gente imprevisible y continuará habiéndola.

El otro se encogió de hombros y los músculos de su cara perfilaron una mueca escéptica.

-Si tú lo dices…

 

 

En lectura: La piedra lunar.

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la piedra lunarWilkie Collins es un escritor del siglo XIX. Empiezo a leer La Piedra lunar y confieso que me sorprende gratamente esa mezcla de estilo victoriano y novela de detectives.

Tardes de trabajo.

El verano da sus últimos coletazos, ya fuera de fechas, y la tarde es demasiado bonita para encerrarse a escribir. Me cuesta horrores mantenerme sentado, tecleando a este lado de los cristales. ¿Soy disciplinado? En absoluto, al menos no en esta faceta. Pero creo a pies juntillas que la inspiración sólo te llega cuando te pilla trabajando. Y aquí estoy, distraído con el vuelo de un mosquito –al cual vigilo porque lo intuyo voraz de sangre humana y yo ya estoy más que harto de alimentar alimañas por este año. El gato se lame con su áspera lengua, con ensordecedor estruendo. Abajo oigo el ding-dong de la lavadora, reclamando mi presencia; habré de bajar a vaciar su vientre, no sea que fermente. Resuena el televisor del vecino y atrasa el reloj de pared. Declina el sol.

En verdad, la tarde se ve muy bonita ahí afuera…

De telefonía móvil y otros grilletes modernos…

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-No sé quien idearía el móvil, pero sin duda fue una persona avispada.

Lisardo lanza esta observación y yo le respondo con algo de historia: le hablo del primer aparato de mano en los años setenta, del lanzamiento en los ochenta, del despegue definitivo en los noventa.

-No me refiero a quien lo inventó –me corta-, sino al que tuvo la lucidez de ver la potencialidad de ese cacharro.motorola

Rectifico y paso a hablarle del fenómeno social de la telefonía móvil, a relatarle la incorporación de datos, del tres-g y del cuatro-g, del negocio telemático… pero ya intuyo que tampoco va por ahí. Sigue leyendo

De fotografías y libros.

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Hace años tuve un compañero de trabajo aficionado a la fotografía. Hombre de edad, aprovechaba cualquier oportunidad para hacernos fotos que luego nos mostraba con orgullo. Eran retratos muy logrados, de esos que te toman cuando estás desprevenido y que inmortalizaban escenas de tu vida en papel. Siempre andaba de arriba para abajo con su colección de cartulinas y el ojo pegado al visor de la réflex. Se jubiló y, ya fallecido, su viuda nos legó cajas y cajas de cartón cargadas con escenas entrañables. Aún conservo algunas de aquellas imágenes y, por añadido, la memoria de las historias a ellas asociadas.foto antigua

Eran tiempos en los que fotografiar en dimensiones “industriales” era una devoción cara. Después, la fotografía digital vino a abaratar y a popularizar este hobby. Para aquél hombre, disparar con su cámara de francotirador era la esencia de la vida. De haber contado con la tecnología actual hubiera sido, probablemente, aún más feliz. Sigue leyendo

El vuelo de una mosca.

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Hace unos días tuve un pequeño accidente. Llegado a un punto de la carretera que transito casi a diario, me distraje con algo que acontecía a un lado y colisioné con el vehículo que me precedía. Nada grave: salí indemne, por fortuna. El susto y poco más. El caso es que, puesto a darle vueltas, no dejo de hacer algunas reflexiones. La primera, la más obvia: que al volante de un vehículo hay que andar con los sentidos bien fijos, tanto en aras de la propia integridad como de la ajena.

moscaLa segunda es más filosófica pero no menos práctica: ¿cuántas veces nos distraemos de nuestro objetivo por andar colgando nuestros ojos en cosas pasajeras? Muchas, confieso que es mi caso. A decir verdad, ya no sé qué fue lo que me distrajo, poca importancia tendría; pero no obstante –y ahí viene mi tercera reflexión-, ¿por qué hay ocasiones en que queda tan poderosamente secuestrada nuestra Sigue leyendo