Silencio en la nieve.

Etiquetas

, , , , ,

Ignacio del Valle es autor de un buen número de novelas, entre las que figura la serie policiaco-histórica protagonizada por el inspector de policía Arturo Andrade. Sus títulos publicados son: El arte de matar dragones (2003), El tiempo de los emperadores extraños (2006), Los demonios de Berlín (2009) y Soles negros (2016).

El tiempo de los emperadores extraños recibió una mención en el premio Dashiell Hammet de 2007 y fue premiada en els Polars Sud en 2011, entre otros galardons y menciones. En 2012 fue llevada a la gran pantalla.

Gerardo Herrero dirigió la adaptación cinematográfica que se estrenó bajo el título de Silencio en la nieve, y fue interpretada en sus papeles principales por Juan Diego Botto y Carmelo Gómez. Es una película insólita en el panorama del cine: es un thriller que narra la investigación de unos asesinatos cometidos durante la contraofensiva rusa al ataque alemán de 1943, y que se desarrolla entre las tropas de la División Azul destacadas por el dictador Franco para colaborar con Hítler.

Un soldado aparece asesinado en las inmediaciones del acuartelamiento que comparten las tropas alemanas y españolas. Podría tratarse de otro fallecido más, fruto de las acciones bélicas contra los rusos, si no fuera por que en el pecho lleva escrita a cuchillo una leyenda, la primera estrofa de una canción infantil: “mira que te mira Dios”.

El alto mando español encarga la investigación a un soldado, que fue inspector de policía antes de la guerra, y pone a su lada a un sargento, como colaborador. Aparece un segundo cadáver, esta vez con la leyenda “mira que te está mirando”, también gravada a cuchillo en la piel. A estos les seguirán otros dos más, hasta completar la letrilla de la romanza; mira que te has de morir”, “mira que no sabes cuando”.

Las pesquisas del policía y su ayudante los llevan a descubrir que cuatro hombres violaron a una mujer antes de la guerra civil española -por orden de un superior- hasta llevarla a la locura, y que alguien se está vengando. Colaborarán con el inspector el fotógrafo de la compañía y el encargado de correos.

El trabajo de los actores que interpretan a los protagonistas mantiene el tono de una historia muy bien urdida, que por desgracia adolece de falta de presupuesto para darle más espectacularidad. Es un mal endémico de muchos filmes españoles ambientados en el pasado. A pesar de ello, la trama te mantiene enganchado hasta el final.

Una película en la que se nota de nuevo que hay una novela detrás. Muy digna de ver.

Talante

-Mantengo una relación beligerante entre mi estómago y la balanza del baño -me explica en confidencia mi amiga Teresa, mientras picoteamos con gula el aperitivo del mediodía.

Me explica que, cuando salta el piloto de alarma en los dígitos del artilugio con el que se pesa cada mañana, se pone a estrictísima dieta de hambre hasta situarse entre los límites que se tiene marcados.

-Pero en cuanto vislumbro ese punto deseado -sigue-, en lugar de actuar con cabeza me doy rienda suelta y me lanzo a recuperar el tiempo perdido. Entonces salto a una vorágine sin freno: salsa con pan, vino, cervezas y patatas, dulces, y todo lo que sea pecar con el paladar. Que para eso ha venido una al mundo, para pecar.

Y así estoy, que nunca acabo, prosigue.

-Unos días me inflo hasta ponerme mala y otros me sumo en ascético ayuno, hasta desfallecer. En la casa de comidas de al lado de mi casa, hay semanas que me nombrarían clienta del mes. Pero en otras, si de mi dependieran para sobrevivir, habrían de echar el cierre.

Eso no es vida -concluye mientras rebaña el escabeche de los mejillones-. Y todo por no obrar con cordura. Por actuar sin término medio, por no esperar a adecuar mi metabolismo.

Después -ya en mi casa-, yo también me peso. Y permuto el guiso con muchas patatas que me iba a preparar por un plato de verdura, y me prometo que no volveré a vermutear en uno o dos días; y que el bistec y las patatas quedarán para la cena -según lo que pese esta tarde-, y me pongo agua en lugar de abrir la botella de vino. Ella también deberá aguardar, aunque esta noche me la beba entera para recuperar.

¿Tendré acaso el mismo problema que Teresa?

Pongo la televisión para distraerme de que como a disgusto. Sale el tema estrella de estos días, y me da por pensar que con todo actuamos igual -yo el primero-, hasta en las peores circunstancias.

French connetion

Etiquetas

, , , , ,

Robin Moore fue un periodista y escritor estadounidense, autor de la novela The green berets, publicada en 1965 y llevada a la pantalla en 1968, protagonizada por John Wayne. En 1968 publicó The french connetion.

William Friedkin dirigió la adaptación para el cine de 1971. En castellano se estrenó bajos los título Contacto en Francia y Bajo el imperio de la droga. Fue protagonizada en sus papeles principales por Gene Hackman, Roy Scheider y Fernando Rey.

El film narra las vicisitudes de dos policías que se enteran de que se prepara una entrega de droga proveniente de Francia, para la cual se ha desplazado a Nueva York un importante traficante marsellés. Inician el seguimiento de los narcotraficantes, pero el marsellés se da cuenta.

La película está dentro de los parámetros de los detectives americanos que con ahínco y extrema dedicación luchan contra el crimen. Es una película muy de su época, aunque pionera en el género, que cuenta con una de las más trepidantes persecuciones en coche por las calles neoyorkinas, tras un asesino que huye en el metro elevado de la ciudad.

Obtuvo cinco Orcars al año siguiente, y en 1975 se estrenó una secuela, dirigida por John Frankenheimer y nuevamente protagonizada por Gene Hackman y Fernando Rey.

Una película digna de ver.

Harry

Etiquetas

, , , , ,

Entre 1971 y 1988 se estrenaron cinco títulos que conformarían lo que se ha dado por llamar la saga o serie Harry: Dirty Harry en 1971 (Harry el sucio, en castellano), Magnum force en 1973 (Harry el fuerte), The enforcer en 1976 (Harry el ejecutor), Sudden impact en 1983 (Impacto súbito) y The dead pool en 1988 (La lista negra). Fueron dirigidas, respectivamente, por Don Siegel, Ted Post, Jamen Fargo, Clint Eastwood y Buddy Van Horn.

Todos los films fueron protagonizados por Clint Eastwood, actor que había participado en importantes producciones enmarcadas en el oeste norteamericano, en cine bélico y también en alguna película policiaca. Fueron sus partenaires: Andrew Robinson y Reni Santini en Harry el sucio; Hal Holbrook, Mitchell Ryan y David Soul en Harry el fuerte; Tyne Dali en Harry el ejecutor; Sondra Locke en Impacto súbito; Patricia Clarkson y Liam Neeson en La lista negra.

Los casos de Harry Kallahan son variados: desde capturar a un asesino en serie que chantajea al ayuntamiento; combatir a unos policías que asesinan a procesados que fueron declarados inocentes; investigar a un grupo de terroristas mientras trata de adaptarse a trabajar con una mujer policía; capturar a la vengativa hermana de una muchacha que fue violada; o librarse de unos asesinos que han creado una lista negra, en lo que lo han incluido.

Harry el sucio y sus secuelas se desarrollan en una época identificada como la más delictiva y sanguinaria de EEUU –si quitamos los años mafiosos anteriores y posteriores al crack del 29-, donde la delincuencia callejera perturbaba gravemente la vida ciudadana. Harry era un personaje inflexible con ella, viril, crítico con los políticos y que daba pábulo al deseo expeditivo-vengativo de muchos. Es el arquetipo del policía duro que trabaja preferiblemente solo y que es poco remilgado en el uso de su arma.

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es h6.jpg

Es un hombre abocado al cumplimiento de su obligación, pero inflexible y machista. Algunas de sus escenas resultaron especialmente enardecedoras: las del policía que entra donde se está cometiendo un asalto y acaba –literalmente- con los delincuentes (fueron unas cuantas); cuando hace que un capo mafioso muera de un infarto; aquellas donde se anima a los infractores a arriesgarse: ¿le quedan o no más balas en el tambor del revólver?; o donde se les invita a “alegrarle el día” mientras los encañona.

En la década de los ochenta se publica el artículo periodístico que daría lugar, entre otras estrategias policiales, a la llamada Tolerancia Cero, desarrollada extensamente en Nueva York en la década de los 90. Tendría sus adeptos y sus detractores. Harry podría haber sido su arquetipo, como agente de policía.

Un buen número de películas posteriores –protagonizadas por diversos actores- estarían impregnadas del estilo Harry el sucio, algunas con mayor o menor fortuna (como las protagonizadas por Bronson, Schwatzenegguer o alguna de Stallone, por poner tres ejemplos). La propia Ruta suicida de 1977, de nuevo con Sondra Locke, podría también haber sido parte de la saga Kallahan, con ciertos retoques.

Harry es una serie emblemática de su época, digna de verse.

Remembering.

Etiquetas

, , ,

Enciendo la radio. Hablan de recuerdos de infancia en el colegio y cada uno relata el suyo. Derivan hacia qué maestro o maestra les marcó como personas, y yo pienso en el mío. Debo reconocer que hubo un enseñante que, a fuerza horas y horas, contribuyó a que uno sea –en parte- como es; pero no hablaré hoy de este buen maestro, sino de otro.

El mío era un colegio público (entonces colegio nacional) y a aquel maestro le quedaba poco para jubilarse. Era el primer curso en el que nos juntaban a niños y niñas, y fue cuando me sentí atraído por la primera chica. El año anterior había sido lo de Carrero y al siguiente moriría Franco, y yo entraría en la fase de mis tres últimos cursos de EGB, netamente distintos. Pero este año tenía por última vez un solo profesor desde la mañana hasta el final de la tarde -si excluyo al de educación física y al páter que nos daba religión.

El hombre era falangista, machista y cerrado de criterio. A diferencia de otros, que usaban una regla para mantener la distancia y evitar el contacto físico, éste te daba un cachete -en la cara- cuando estimaba conveniente hacer uso del castigo corporal. Pero también nos hacía cantar y nos contaba historias edificantes. ¿Cuáles historias y cuáles canciones? Ya pueden imaginárselas, si les he dicho que era franquista trasnochado. Recuerdo que un alto porcentaje de mis compañeras tuvieron ese año la idea –afortunadamente pasajera- de hacerse monjas el día de mañana.

¿Nos divertimos entonces? Sin duda.

¿Fue un hombre entrañable? En absoluto.

¿Qué aprendí de él?

Viendo aquel año en perspectiva, me doy cuenta de lo fácil que es manipular a la gente cuando está en edades vulnerables. Y aún diré algo más, para acabar: tal vez sea una reminiscencia de aquel hombre –en la que no había pensado hasta esta mañana- que cada vez que uno de mis personajes de novela quiere humillar a otro, le golpea con la mano bien abierta, en la cara. Para que suene.

Sentidos.

Etiquetas

, , ,

-Hay cosas que no acierto a saber por qué se producen. Simplemente no las entiendo. No sé cómo se producen y no creo que nadie pueda darles una explicación.

Hoy mi amigo Lisardo no está muy hablador; pero es él quien inicia una de esas reflexiones a las que me tiene acostumbrado y que nunca sé a dónde irán a parar. De momento, si no se extiende un poco más, seré yo quien no llegue a comprender nada. Así se lo digo.

-Puedo entender –prosigue- que alguien nos roce levemente y descubramos que está ahí, pasando a nuestro lado. O que la casi imperceptible brisa que levanta y que quizás nos toca lo delate, haciéndonos levantar la cabeza. O que percibamos un casi inaudible susurro, o que notemos su fragancia, o que vislumbremos un destello de luz o el movimiento de una sombra que nos hace dirigir los ojos hacia él. Vista, oído, olfato, tacto: son los sentidos de la comunicación, corporales y tangibles.

Observo que Lisardo se ha dejado el gusto. Aunque para percibir a alguien por él se requiere de una aproximación profunda e intencionada, y entiendo que él no está hablando de intencionalidades.

-Pero dime –prosigue-: ¿qué hace que mires a una mujer y ella, de pronto y sin motivo, alce sus ojos desde el otro lado de la sala y sorprenda tu mirada? ¿Tú entiendes qué clase de sentido actúa ahí?

Reconozco que a mí también me gustaría saber cómo hace la mirada para tocar a otra persona.

-Tal vez lo que actúa es el instinto -le propongo, pero Lisardo ya se ha sumido en un silencio nostálgico y yo me reservo para otro día el hablarle de instintos.

8mm

Etiquetas

, , , , , , ,

Joel Schumacher dirigió 8mm en 1999 bajo un guión de Andrew Kevin Walker. Se estrenó en castellano bajo el título de Asesinato en 8 milímetros. Estuvo protagonizada por Nicolas Cage, James Galdonfini y Joaquín Phoenix.

Un detective es contratado por una mujer de avanzada edad, viuda reciente de un hombre acaudalado. Al abrir su caja fuerte ha encontrado una película en formato de ocho milímetros donde parece haberse filmado el asesinato de una chica joven. Abrumada, decide contratar a un detective, por medio del abogado de la familia.

Con pocas pistas y sacudido emocionalmente por las escebas, el detective se sumerge en lo más bajo y horripilante del mundo de la pornografía, hasta encontrar al productor del film. Será ayudado por un joven que ejerce de vendedor en una tienda de películas pornográficas, que le hará de guía en ese sórdido mundo.

Por muchos años que hayan pasado, es un film muy digno de ver.

Adipocira

Etiquetas

, , , ,

En el segundo capítulo de Parfum se habla del descubrimiento de diversos cadáveres enterrados en una zona pantanosa, que se han conservado casi intactos después de años. La descripción que se hace del fenómeno es, extractada, la misma que publico en El efecto domino, en el capítulo 5. Pocas veces había hallado reflejado este fenómeno en la novela o en el cine.

–5–

–El cadáver ha sufrido un proceso de conservación poco frecuente, técnicamente conocido como adipocira –el forense sospechó que el policía desconocía el término–. También se le denomina saponificación.

Un equipo especializado se había hecho cargo de la investigación, pero Navas telefoneó al forense y éste se mostró complacido en atenderle a la mañana siguiente a la partida de Gómez. Contemplando el cuerpo tendido en la bandeja del compartimento inferior del refrigerador, se acordó de aquellas tallas que semejaban de marfil amarillento, a las que los devotos sacaban en procesión en semana santa. 

–Suena como a hacer jabón –aventuró el inspector.

–Básicamente es eso. El jabón se elabora cociendo lípidos, es decir, grasas, que se mezclan con sosa mientras se van removiendo el mejunje hasta que toma consistencia y acaba por solidificarse. Con los cadáveres puede darse ese resultado final, siempre que se den determinados elementos: la existencia de humedad, por un lado, y un obstáculo a la entrada del aire, por otro.

–¿Algo así como la formación de las momias?

–Todo lo contrario. La momificación es propia de climas secos, donde los tejidos y los órganos se han deshidratado. La piel aparece apergaminada y el cuerpo se presenta encogido y con aspecto correoso: como la mojama, para que nos entendamos. Pero este otro proceso –el forense señaló los restos– es diferente. ¿Cómo se origina? He de confesarle que hasta ayer mis conocimientos eran eminentemente teóricos. He tenido que hacer algunas llamadas y documentarme.

Señaló un buen número de libros apilados sobre la mesa del despacho donde redactaba sus informes, separado de la sala de autopsias por un cristal.

–La adipocira afecta a ciertos órganos de todos los humanos, al fallecer. Las grasas se rompen en glicerina y ácidos grasos, y estos últimos se combinan con el amoniaco. Se forma una especie de unto que, en condiciones no favorables a la corrupción, invade el músculo. Es más frecuente en individuos enterrados en terrenos arcillosos, y también se ha descrito en fosas comunes. Al principio se forma una capa blanda, como queso tierno, que con el tiempo se endurece con la consistencia de la cera e incluso puede fosilizarse. Hasta huele como el queso rancio.

El doctor estaba en su salsa, apreció Navas viéndolo acuclillado junto al cajón funerario.

–En este caso, la saponificación no está presente en todo el cuerpo –indicó–. Observe que el interior del cadáver se ha podrido casi por completo, y también han desaparecido algunas zonas externas. Pero se conservan la cara, el cuello, el abdomen, buena parte de la espalda, los glúteos y la casi totalidad de las extremidades.

El forense señaló a continuación una gruesa hendidura que recorría el cuello.

–Un aspecto interesante para el examen médico legal es que permanecen vestigios que habrían desaparecido con la putrefacción. Esta marca ve aquí –señaló con el índice enguantado– es síntoma de que a este hombre le constriñeron el pescuezo con una cuerda más bien gruesa. El surco es más alto en la nuca que en la parte delantera del cuello, por lo que me decanto por el ahorcamiento. Vea también que le faltan los dedos índice y meñique de la mano derecha, creo que por una amputación muy anterior a la muerte, ya que la carne aparece redondeada en los extremos.

Estos cadáveres acaban por destruirse, claro está –prosiguió el médico–. Es más, empiezan a desmigajarse como el queso reseco en cuanto les da el aire. El nuestro presenta entre los omóplatos tres contusiones inciso-contusas, al parecer no muy profundas. No le doy la vuelta porque el cuerpo se nos haría pedazos y luego es un engorro recogerlo.

 Navas temió por un instante que el médico le demostrara de forma práctica el fenómeno, pero en lugar de ello cerró el cajón y le invitó a pasar al despacho.

–¿Se puede estimar la cronología de la muerte en estas condiciones?

–Me temo que no hay tablas exactas de datación –declaró el médico–. Se ha documentado que el cuerpo de George Washington estaba totalmente saponificado, cuarenta años después de su muerte, y que era reconocible cuando fue exhumado. Existen experiencias que indican que a medida que la adipocira avanza, van desapareciendo fibras, tendones y ligamentos, y que la grasa que en un principio tiene coloración, al cabo de los años va tornándose blanca. Note que el nuestro parece albino. Espere, le enseñaré unas fotos.

–No se moleste, le creo –repuso el inspector.

Pero el forense no iba a dejar pasar la ocasión de lucirse e hizo una selección de los papeles escampados sobre la mesa, entre los que había varias polaroids hechas por él mismo y un buen fajo de fotocopias.

–Vea, este crio murió al nacer y fue desenterrado a los siete meses –Navas dirigió una mínima ojeada a la imagen que el forense le ponía delante–. Como puede apreciar, está totalmente entero. Y mire estas otras. Al acondicionar un terreno en Polonia, apareció una fosa común: cosas de la Guerra Mundial, la Segunda –especificó.

El forense mostraba la fotocopia de una instantánea tomada sobre una zanja. Unos campesinos, sombrero en mano, observaban piadosos el interior, donde se amontonaban los restos humanos. Pasó a la siguiente foto de la misma serie. A ambos lados de la fosa aparecían alineados la mayoría de despojos putrefactos, de los que solo restaban huesos y jirones de ropa. Los campesinos habían desaparecido de la imagen. En una tercera copia se apreciaba un detalle del fondo del agujero, ya casi vacío.

–Observe. En esta última, los pocos cadáveres que aún quedan se presentan bastante enteros, mientras que estos otros –el forense volvió a la segunda toma– están totalmente descompuestos. Ello se debe a que los de más arriba taponaron la entrada del aire, y la humedad de la tumba hizo el resto. Cuando se abrió la fosa habían transcurrido más de veinte años desde el enterramiento.

Depositó las fotografías sobre la mesa, dando por finalizada la breve charla instructiva con la que esperaba haber deleitado al policía.   –En definitiva, y a falta de otras pruebas –concluyó–, el individuo que ahora tenemos tomando el fresco en la nevera es un varón de complexión fuerte, altura de entre un metro sesenta y un metro sesenta y cinco, de unos veinte o veinticinco años de edad. Al que habrían atacado por la espalda con un cuchillo grande, un machete o tal vez un hacha, probablemente sin causarle la muerte, para rematarlo ahorcándolo con una soga. Todo esto podría haber ocurrido hará entre cuarenta o cincuenta años, lo que también deduzco por el aspecto del ropaje.

Parfum

Etiquetas

, , , , , ,

Sección visual de El perfume (Miniserie de TV) - FilmAffinity

El escritor alemán Patrick Süskind publicó en 1985 el bestseller  Das Parfüm, die Geschichte eines Mörders, conocido en español como El perfume: historia de un asesino, o símplemente El perfume. Tom Tykwer dirigió la coproducción que en 2006 llevó la obra a la gran pantalla. Estuvo protagonizada, en sus papeles principales, por Ben Whishaw, Dustin Hoffman y Alan Rickman, entre otros.

El perfume - Wikipedia, la enciclopedia libre

La entrada de hoy no viene referida a este film, todo y que podría considerarse primo hermano del genero negrocriminal: en el fondo, el perfume es la historia de un asesino en serie. Pero en esta ocasión vengo a referirme a la serie de producción alemana Parfum, inspirada en la famosa novela, aunque ambientada en nuestros días.

El Perfume. Historia de un asesino (2006) - Filmaffinity

Parfum consta de seis capítulos de casi una hora de duración, dirigidos por Philipp Kadelbach. Está protagonizada, entre otros, por Friederike Betch, Juergen Maurer, Wotan Wilke Möhring, August Diehl, Ken Duken, Natalia Belitski, Christian Friedel,  Trystan Pütter y Franziska Brandmeier.

El Perfume», la serie: «¿Qué me estás haciendo?»

Una controvertida cantante es asesinada y su cuerpo aparece extrañamente mutilado. En su entierro se reúne el grupo de amigos con los que la chica se relacionaba: cuatro chicos y otra muchacha. En sus años de juventud todos se vieron influenciados por la novela El perfume, hasta el punto de que uno de ellos se convierte en perfumista. Una pareja de policías se hace cargo de la investigación.

Parfum es una serie que promete. Ya veremos cómo acaba.

La trilogía del Baztán.

Etiquetas

, , , , ,

Fernando González Molina repite en dirección dos años después de El guardián invisible, ahora con la segunda entrega de la trilogía: El legado en los huesos. Ésta es, en realidad, la primera parte del pack conformado con la última entrega filmográfica: Ofrenda a la tormenta, que se estrenaría en 2020, también de la mano de Fernando González. De la primera entrega repiten -entre sus personajes principales- Marta Etura, Francesc Orella, Elvira Mínguez y Benn Northorver. Y se suman Imanol Arias y Leonardo Sbaraglia.

Aparentemente resueltos los primeros homicidios de El guardián invisible, de los que es responsable un familiar de la inspectora que los investiga, aparece una segunda trama. Ahora se trata de aclarar qué relación tienen una serie de asesinatos y mutilaciones ancestrales con la familia Salazar.

Una serie de avisos en unos presos que se suicidan conducen a la inspectora a adentrarse en la investigación, de la mano de un juez poco convencional. La Iglesia interviene también, y se destapan una serie de connivencias con clínicas que dieron por muertos a recién nacidos que tal vez fueron asesinados como ofrendas en un ancestral rito mágico.

Estas últimas dos entregas -la “bilogía”– no engancha desde el primer momento, pero si se es capaz de superar los primeros treinta minutos de la primera parte, la intriga lo mantendrá a uno en vilo hasta el final.

Dignas de ver, sobre todo la tercera parte.