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Hace poco escribía en estas páginas, sintética y escuetamente, acerca de qué me motiva a leer unas u otras novelas. Concluía enunciando las características de mis lecturas favoritas, de aquellas novelas que de verdad me deleitan. Debo añadir que soy persona de simultanear relatos. Ya sé que algunos lo verán inaudito y que otros juzgarán propio de quien se aburre con lo que lee. No es así: yo simultaneo incluso las novelas que me enganchan. Y, entre medias, hasta escribo algunos párrafos, créanme. Cada cual posee su particular idiosincrasia y esta es una de las características de la mía. Qué le voy a hacer…

Puede ser una imagen de anteojos y libro

Todo lo anterior no tiene más finalidad que venir a anunciar que hoy he acabado La transparencia del tiempo, de Leonardo Padura, la cual llevaba un mes en el montoncito de encima de mi mesita de leer por la noche. Y he de decir que me ha encantado.

La transparencia del tiempo es la penúltima -creo- aventura de Mario Conde. Mario es un ex policía cubano en tiempos de transición política y personal, como supongo que debe estarlo mucha gente en la isla; como lo estuvo mucha gente también en estas otras latitudes mías (otro día hablaré -o no- de ello). Puesto en sus sesenta años, Mario se dedica en la actualidad a «traficar» con libros de viejo y de vez en cuando acepta un encarguito como detective privado, que le permite regalarse algunos excesos económicos. En esta ocasión es un compañero de preuniversitario el que reclama servicios.

En síntesis: el amigo es un nuevo rico cubano al que un amante ha expoliado diversas obras de arte, entre ellas una virgen de madera de valor incalculable. Conde ha de encontrar al amante y también la talla. El ex policía se sumerge en el mundo lumpen cubano y a su paso van aflorando mafiosos y cadáveres, incluido el del amante del amigo robado. Paralelamente se va tejiendo, marcha atrás en el tiempo, la historia de la famosa virgen, en un recorrido que transita desde la guerra civil española el medievo feudal catalán. Todo ello regado con un abundante repaso de la situación de la isla en dos mil catorce: Padura hace en La transparencia del tiempo un retrato de feroz contraste entre los ricos post revolucionarios y los paupérrimos barrios de barracas próximos a Santiago. Y un retrato, también, de desilusión entre quienes creyeron en la revolución y ahora ven desertar a sus amigos.

La historia ocupa cuatrocientas y pico páginas que podrían ser menos, si solo se tratara de relatar la trama negra que la vertebra. Pero para mi gusto no sobra ni un solo renglón. La transparencia del tiempo es pura literatura. Negra, social, sí; pero literatura con mayúsculas.

Lectura digna de saborear, de estirar noche tras noche, día a día.