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Connan Doyle es el padre del detective por antonomasia de la novela enigma, pero el personaje ha traspasado a su autor, actualizándose. Esta semana han puesto en la tele una de sus versiones, alejada de la que en los años cincuenta del pasado siglo interpretó Peter Cushing. Sherlock era allí astuto, reflexivo y valiente, pero clasista y algo almibarado. El Holmes que interpreta Robert Downey Jr. no deja de ser elitista -se mueve en altos ambientes-, pero tiene mucho de barriobajero, pendenciero y egocéntrico.

Watson no es aquí el personaje furgón-de-cola de versiones anteriores, muy limitado y absolutamente supeditado a su casi mentor. Jude Low interpreta a un médico militar de carácter que aún no sabe cómo soporta a su amigo. A su vez, él es un hombre que juega, bebe, ama, pelea y dispara sin pensárselo mucho.

Me gustan estas variantes.

Guy Ritchie dirigió en 2009 y 2011 a ambos actores en dos aventuras detectivescas. En la primera, Sherlock y Watson han participado en la detención de un lord nigromántico que es condenado a muerte y ejecutado. Pero el hombre vuelve del más allá con un plan que implica acabar con todos los miembros del Parlamento británico, si osan oponerse a sus designios.

En la segunda aventura, el archiconocido Moriarty está confabulando para que las naciones de Europa se declaren en guerra -unos cuantos años antes de la Gran Guerra de 1914- con el objetivo de obtener beneficios con la venta de armas.

Interesantes ambos films. ¿Para cuándo una nueva entrega de la saga?